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Final feliz tienen leones incautados en Bogotá
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En diciembre de 2008, la Secretaría Distrital de Ambiente le decomisó un par de leones, Pumba y Nala, al circo de Los Muchachos por maltrato animal. Tras un año de rehabilitación en el zoológico del Parque Jaime Duque, el pasado 29 de marzo, el macho viajó rumbo a la capital del Atlántico donde es esperado por dos leonas africanas para procrear varias camadas de pequeños felinos. Según los veterinarios del zoológico costeño, la presencia de Pumba es clave, ya que el único león macho con el que cuentan está castrado.

A seguir con la estirpe felina. Esa es la misión que tienen Pumba y Nala, un par de leones hermanos que vivieron en carne propia el encierro, la desnutrición y el estrés en un circo en Bogotá. Tras un año y cuatro meses de rehabilitación la Secretaría de Ambiente dio luz verde para que el par de leones se reproduzcan.

“Según los veterinarios del Jaime Duque, el par de leones ya están listos para seguir con su estirpe. Luego de varias conversaciones, la SDA visitó el zoológico de Barranquilla, donde constató que Pumba podrá desplazarse por amplias zonas verdes e imponerse como el rey de la manada”, dijo Juan Antonio Nieto Escalante, Secretario Distrital de Ambiente.
 
Los días de estrés, hacinamiento, desnutrición y dolor que vivieron este par de leones en el Circo Nacional de los Muchachos ya terminaron. Sin embargo, según Nieto, “el proceso fue largo, debido al trámite legal, los descargos y la búsqueda de un lugar apropiado”.
 
Nieto Escalante manifestó sentirse satisfecho con este proceso. “Logramos arrebatarle al par de leones a su dueño, quien les causó traumatismos y heridas físicas. Luego, debido a la gestión del Jaime Duque, se curaron, subieron de peso y se rehabilitaron. Ahora seguirán con su normal ciclo de la vida”.
 
De cachaco a costeño
El lunes 29 de marzo, funcionarios de la SDA y del zoológico de Barranquilla se desplazaron hacia el Parque con el propósito de dormir a Pumba y llevarlo rumbo a la Costa Atlántica.
 
A las 4 de la tarde mientras Nala rugía nerviosa por tanta gente, Pumba recibió el primer dardo con anestesia. Sin embargo, el somnífero no fue suficiente, por lo cual tuvieron que aplicarle dos más. Faltando un cuarto para las 5 de la tarde, Pumba cayó. En cuestión de segundos, nueve personas ingresaron a su jaula, para envolverlo en una malla de 2,2 por 1,9, metros, en la cual lo transportarían hacia un camión.
 
Primero pasó por la báscula. Pesó 180 kilogramos, 40 más que cuando llegó a las instalaciones del zoológico. Luego, le tomaron las pruebas de sangre. Con un palo, que entrelazaron con la malla, cuidadores, veterinarios y estudiantes cargaron a Pumba. A las 5:30 de la tarde, el león, que todavía rugía, fue examinado por dos estudiantes quienes tomaron sus pulsaciones cardiacas por más de una hora.
 
A las 6 de la tarde, mientras el sol daba sus últimos rayos, Pumba fue introducido en un guacal metálico de 2,4 metros cuadrados y cerca de 200 kilogramos, en el cual estaría hasta llegar al zoológico de Barranquilla.
 
Pumba durmió todo el trayecto desde el Jaime Duque hasta la zona de carga del Aeropuerto El Dorado, sitio al que llegó a las 8 de la noche. Dos horas después, cuando ya estaba dentro del avión de carga, el león terminó su larga siesta.
 
El vuelo despegó a las 2 de la mañana del día siguiente y llegó a la capital del Atlántico a las 4. Una hora después, varios veterinarios del zoológico lo recogieron, para luego valorarlo y presentarle a sus nuevas compañeras, un par de leonas africanas con las cuales se espera se pueda aparear.
 
Un león sin garras
Este león, junto con su hermana Nala, desde cachorros hacían parte del show de animales del Circo Nacional de los Muchachos, el cual hizo presencia en Bogotá el 7 de noviembre de 2008 en la calle 100 con Autopista Norte. Cuando se bajaba el telón, el par de felinos eran trasladados a una jaula oxidada compartida de 2,2 metros de largo por 1,7 de ancho.

El espacio reducido y la mala alimentación hicieron estragos en el par de fieras; por estrés, se golpeaban sus cabezas con los barrotes de su cárcel hasta sangrar, ocasionando cicatrices en sus frentes. Mientras Nala a duras penas se podía estirar y caminar, Pumba retozaba, pero no de llenura. Debido a una mala operación cuando le extirparon sus garras delanteras, el león, que lucía opaco y desganado, cojeaba.
 
Según los veterinarios del Jaime Duque, Pumba tenía una esquirla en su pata derecha, la cual aún no le permite moverse con facilidad. El dueño del circo aseguró que les daba entre 15 y 20 libras de carne cada dos días. Sin embargo, los huesos salidos eran evidencia de lo contrario; en el circo Pumba pesaba 140 kilos; ahora engordó a 180.
 
Pumba pasó al quirófano, pero no pudieron sacarle la esquirla. Los exámenes coprológicos de ambos indicaron la presencia de parásitos intestinales. Los leones pasaron a una zona de 880 metros cuadrados, con varios elementos de madera similares a los de un parque infantil.
 
Mientras Nala dormía la mañana en su cubículo de 33 metros cuadrados, Pumba hacía ejercicio en el parque. No podían estar juntos, para evitar que se reprodujeran y dañaran la estipe familiar. A diario, en el zoológico, los felinos fueron alimentados día de por medio con 12 kilogramos de carne de caballo y pato, además de huesos y piel. La cabeza del equino era el plato favorito de Pumba.

Adiós al miedo
A los cuatro meses de la incautación el cambio fue sorprendente. Cero cicatrices, pelo brillante, rugidos, altos brincos y una buena masa corporal. Pumba ya no cojeaba y Nala arrasaba con toda la carne.
 
El miedo a la gente que tenía Pumba había quedado en el pasado. Los veterinarios del zoológico aseguraron que el león entraba en pánico cuando veía a alguien con sombrero, probablemente porque le recordaba los años de abuso en su juventud por parte del entrenador, cuando a punta de látigo era la atracción principal del circo.
 
“Al ver la evolución del par de leones, empezamos a gestionar zoológicos que pudieran adoptar a alguno para reproducirse. Debido a los años traumáticos en el circo, y por la falta de garras de Pumba, una liberación en su hábitat natural es imposible, ya que los otros leones lo matarían”, aseguró el Secretario de Ambiente.
 
Así termina el ciclo para este par de leones. Primero fueron sacados de su hábitat natural para entretener a los asistentes de un circo; luego lucharon incasablemente para recuperar sus instintos animales. Ahora, podrán comportarse como lo que son: un par de fieras africanas que deben reproducirse.

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Esta historia fue escrita por Rivera Díaz y publicada el Miércoles, Abril 14, 2010 y está archivada en la(s) sección(es) Britalia, Engativá, Especial Bogotá, Estilo de Vida, Fontibón, La Floresta, Mascotas, Niza, Suba, Tunjuelito, Usaquén. Usted puede seguir las respuestas y comentarios a través del RSS 2.0 "feed". Puede dejar su comentario, o trackback de su propio sitio web.
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